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  • Daniel Roibal

Resaca en el aeropuerto de Palma- En guardia ante el Chi manipulado

Se dice, que este año nos van a visitar; 46 millones de personas. Ignoro cuantas pasarán por nuestro orgulloso Aeropuerto de Son San Joan, en Palma de Mallorca, (ahora Palma) además de los que tenemos la suerte de vivir en esta isla y deslizarnos a través de sus pasarelas, escaleras automáticas, pasillos y tubos, que como en esta foto, parece que nos vomitan en el interior del avión a otras ciudades o países, ya sea por vocación laboral, necesidad o cualquier otra inquietud y siempre por aprendizaje.

Hago referencia a ello,"porque los adultos no me preocupan tanto", y sí algo más, los millones de menores que al salir del aeropuerto por una de las dos zonas de control donde en ocasiones se realizan streaptease parciales de cabeza, tobillo o meñique, nos encontramos obligatoriamente (hasta donde yo sé), con la única opción de cruzar por zonas comerciales, donde no hay posibilidad de emitir, una bella sombra que aporte realidad al entorno, pues la luz es tan poliédrica que nos invade desde todos los puntos cardinales, astrales, cenitales y direccionales. La cuestión sobre la que quiero hacer reflexionar con firmeza, no trata sobre la luz, que también, pues sirve de excusa para mostrarnos un cielo no apto para niños, sino que los objetos que nos vende esa luz tan explícita y bondadosa son en el ala Este, montones de paquetes de tabaco con mensajes como "fumar mata" y litros y litros de alcohol en relucientes, atractivas y femeninas botellas. 

Aconsejo, si se viaja con niños acceder por el control del Oeste figurativo según subimos las escaleras (el de la derecha). Aquí nos venden también tabaco, en menor cantidad, pero mayormente: perfumes y chocolatinas. Apruebo personalmente y reconozco, que algo de vino u otro alcohol, además de ser sabroso, estimula las conversaciones, da lugar a bajar los resortes de la lógica e inspira y libera otro tipo de lenguaje y pensamiento al servicio de nuestro corazón en algunos momentos y etapas de la vida. Pero de ahí, a que como única opción debamos hacer pasar a millones de niños y niñas entre productos catalogados como drogas y bendecidos por la música, la luz y la vulnerabilidad que supone en la mayoría de casos el tener los sentidos abiertos a la aceptación de todo lo que se mueve a nuestro alrededor, porque viajamos, estamos de turismo, volvemos de un maravilloso viaje llenos de recuerdos o vamos en busca de ellos, hay un trecho. Insisto en que hay que realizar esa reflexión, e invertir de vez en cuando una atenta mirada en sentir y analizar: qué nos dicen los espacios donde transitamos. En este caso y no es lo habitual, reprocho este diseño espacial de cara a los intereses del viajero (supongo). Un espacio esta bien o mal diseñado en función de los objetivos que pretende y espero que no sea el objetivo de este descuidado diseño, que el aprendizaje de nuestros niños que conlleva el viaje, sea asociar estado de ánimo entusiasta a tabaco y alcohol, de ser así, no me extraña que el finger nos vomite dentro del avión ante tal acumulación de grados de inconsciencia.

Feliz Chi a todos/as

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