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  • Daniel Roibal

Hola mi Amor


Ante el nuevo reto que supone cada una de las consultas de armonización de espacios, para la que soy solicitado, siempre me alcanza un hormigueo interior. Tanto por concentrarme  en aplicar con rigor esta técnica de la que se aprende cada día y en la que voy derramando certeza a pesar de mi escepticismo en alguna de su articulaciones, como de lo emocionante y siempre sorprendente de cada una de las narraciónes que los espacios brindan . Reflejo de los anhelos, las capacidades y áreas de mejora de las personas que los habitan.

Alentado por esa curiosidad, me asombro tanto cuando el cliente, va desnudando y descubriendo sus áreas fuertes, que íntimamente desea compartir y revelar, como cuando no tan conscientemente va mostrando aquellas que en su fuero interno, a veces otras no, conoce como aspectos sombra, aspectos que rehuye trabajar, pero para las que está de forma osada demandando cooperación, en este caso a través del feng shui.

En esta tarea lo mejor es como en coaching apagar la radio interior del consultor, permanecer abierto a lo no evidente, agarrarte a la herramienta, al procedimiento y a la intuición, y zambullirte en el momento presente en ese espacio, dejando de lado asuntos propios.

Y siempre, y digo siempre, la realidad te sorprende, el espacio poco a poco , como en un cuento va revelando los secretos, a través de las formas, los colores, las texturas, el arte, cada uno de los elementos presentes o ausentes en el hábitat.

Esta semana, tuve el privilegio de ser requerido por una pareja, que invierte todos los ahorros de esta parte de su vida, en construir una nueva casa para convivir con sus dos hijas de pronta edad.

Sobre el terreno y sobre el esqueleto de la anterior vivienda,me mostraron con generosidad los planos que el arquitecto les hizo llegar. Con ilusión me iban explicando la ubicación de las nuevas estancias, siempre abiertos a mejoras. En mi fuero interno estaba recibiendo la recompensa de conocer este arte,pues sabiéndolo yo, ellos no todavía, la futura casa se estaba construyendo sobre un pilar, un área de vida muy marcada, allí donde estaba proyectada la nueva, y la antigua cocina.

Ese área ya se estaba manifestando en el cariño y mimo que la pareja se profesaban en cada negociación, en cada respuesta complicemente formulada a mis preguntas, en el lenguaje corporal entre ambos, en un dialogo de cariño y caricias.

Hay una o dos áreas a reforzar, y ahora sobre planos es más fácil corregir, pero la carita de ambos cuando les comenté que todo hogar suele disponer de un punto muy fuerte sobre el que se construye, y que en el caso de su casa es el área de amor y pareja, no tuvo precio para regocijo del ejercicio de esta profesión.

Felices 37 grados

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