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  • Daniel Roibal

CRISTOBAL ECHENIQUE El arquitecto de los mil nidos

Hace dos veranos, en un autocar que nos llevaba a un amigo escritor amante del vino y de la siesta,a un amigo criador de burritos de san Antoni y a mi amante de ser amado, desde la ciudad de Göreme, capital de la región turca de la Capadoccia,en la Anatolia Central al aeropuerto, de regreso a la evocadora Istambul, conocí a  Cristobal y a su familia.

Chileno joven residente en Providencia, mirada ávida como la de un  ágil pajarillo,tolerante y de respuesta inmediata a la sensibilidad estética,acababa de finalizar un master en arquitectura sostenible, tras su licenciatura en la Universidad de Barcelona.

Y ahora, casi dos años después nos agradece a algunos que hemos aportado en la distancia pequeños granos de arena ( pequeños al menos en mi caso), la finalización de un hermoso proyecto de  vivienda integrada en la naturaleza.No entiendo profundamente de arquitectura, pero no puedo, al haber ido viendo los planos , la evolución de la obra y las consultas que me ha ido haciendo en lo que a armonización de espacios se refiere, más que sentir que el autor,el artista,  ha mantenido en todo momento una gran consideración por entorno,por el bosque y ha dejado a un lado la tentación de patentar su ego supeditándolo al servicio del habitante y del lugar.

Destíla Cristobal el hilvanador de espíritu y materia en su portafolio  http://cecheniquew.wix.com/cristobalechenique#!cabana-madera/cm9b  gran  rigor, profesionalidad y sensibilidad para crear nidos desde los que agradecer la vida, nidos desde donde sorprenderse en cada momento, nidos que nos permiten saber que podemos anidar todos y cada uno de nosotros en una imagen,sentados en la base de un árbol o anidar en la fina y humeda punta de un pincel.

Cada línea que dibuja nuestra vista, nuestra mano, en el fondo ambas títeres de nuestra emoción y sensibilidad, nos hacen saber, como nos muestra mi admirado Cristobal Echenique, que podemos anidar por mucho tiempo o solo por un instante en ellas, y que solo depende como el día que lo conocí allá en los viejos  parajes que gritan mil formas de tierra, de lo abierto que tengas el corazón para ello.

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Gracias Tófol


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