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  • Daniel Roibal

Crear o no crear...esa es la cuestión


La decisión acendrada El clarividente filósofo Ken Wilber dice: La paradoja de la práctica espiritual es ésta: todo está in embargo estamos llamados siempre a una mayor verdad, bondad y belleza. Podemos descansar en lo que realmente somos mientras aspiramos a ser aquellos en quienes sabemos que nos podemos convertir. Por tanto ¿debemos crear?, ¿queremos realizar una acción con algún sentido incierto? o… ¿es mejor no actuar, no hacer nada? Y no solo eso, si somos capaces de generar una realidad distinta a la vivida, a través de la mejora continua que supone tomar conciencia de nuestros mapas mentales, y de cómo influyen en nuestro cuerpo, ecosistema y mente, de desarrollarnos a través del análisis del lenguaje, de la reflexión no consciente o  intuitiva, de la meditación o de la reflexión consciente…¿para qué pasar a la acción?, ¿para qué crear algo distinto?, si todo está bien como está, como es y sabemos que tenemos capacidad para modificar nuestra realidad presente, ¿para qué?, ¿donde reside el sentido, la motivación para dar uso a toda una energía que tal vez debamos economizar? Son varios los maestros que me han enseñado, que esa es la denominada depresión del alma. Y que la llamada a la acción sobrevive en la íntima necesidad de abundar en la luz como necesidad vital, llámese o tenga forma de verdad, bondad o belleza. No acción movida por una mera inquietud de azogue intelectual, a veces frívola, ilusoria por intrascendente, o fruto de meros deseos tamásicos o rajásicos como dicen los textos de los vedas, sino acción bien intencionada, con conciencia. Decía mi amigo Enrique Mariscal, en su libro “Jardinería Humana” Lo importante es la calidad de la tendencia, el resultado llegará por añadidura. Aunque también contaba el cuento del gorila, que por muy buenas intenciones que tuviese, al final de sus días de andanzas de maltrato a sus vecinos, tomo conciencia de la necesidad de servir a los demás, y dedico sus esfuerzos a salvar a los peces, sacándolos del agua por evitar que se ahogasen. Por ello ánimo a que cualquiera de nosotros, desde una acción emanada en  estados de quietud, contemplación, intuición, meditación, reflexión…, provoquemos la acción acendrada, aquella que destila los metales psicológicos, y los convierte en movimiento que abunda en un sentido de mayor conciencia o verdad por trascendente, en mayor bondad, fruto de la empatía y la compasión y otras hermanas de estas, y en un fruto estético a través de la belleza en cualquier gesto, obra o palabra. E muchos textos se nos  recuerda que cuidemos los pensamientos, pues  se transforman en lenguaje, el lenguaje tiene un gran poder de creación,  y se transforma en actos, los actos en hábitos, los hábitos en carácter y este en nuestro destino, realidad y creación de vida. Tal vez sea esa la respuesta para que el alma no entre en eclipse y venga a ser lo que es, luz creativa, que agradece y acepta la sombra. O tal vez todo esto sea equivocado y no haya nada más allá de tomar unas cañas en el bar que amortigüen el calor, en buena compañía y en esta luminosa época del año

Feliz entrada de verano

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