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  • Daniel Roibal

A bachelor election

En el actual sistema educativo, se hace elegir a los jóvenes de entre quince y dieciséis años, entre cinco bachilleratos según sus contenidos. A saber por sus etiquetas,el bachillerato artístico, el social, el humanístico y el científico que se divide a su vez en dos ramas , el sanitario y el tecnológico.

En esas edades donde tan importante es pertenecer a un grupo, donde la identidad se esta construyendo y tanto cuesta no convertirse en una persona gregaria, añadimos una herramienta más que nos distinga a unos de otros, y nos convierta en distintas tríbus.

Y esta bien a mi parecer, que podamos elegir entre un abanico de posibilidades según resaltan y se manifiestan los muchos talentos y formas de ser inteligentes, que cada uno alberga.

Pero hagamos que nuestros muchachos y muchachas, no olviden que en tiempos de Ramón y Cajal, al científico se le exigían dotes artísticas, pues sino como podía esquematizar y documentar una heliconia en botánica, no disponían de cámaras fotográficas pret a porter.


Las ciencias tienen mucho de arte, de metafísica. El arte mucho de perseguir un rigor allí donde la razón ha llegado a su límite. Intenta lograr en muchos casos,una armonía geométrica que se manifiesta en la arquitectura, la pintura o la música. Cuanto de ciencia hay en el arte.

Y que decir que si el objetivo de ambas disciplinas no redunda en un compartir, en un beneficio social a nivel práctico o teórico que nos haga pensar y actuar, entonces arte , sabiduría, ciencia, se quedan incoloros, como sin eco,como sin primavera.


La suma de esas ramas, social,científica,artística, nos llevan a un sentido más integral en el desarrollo del ser humano, que podríamos etiquetar de desarrollo humanístico. Algo así podemos, como propuesta, hacer ver a nuestros bachilleres. Procuremos las condiciones para que dispongan de un órgano de reacción y sensibilidad hacía la totalidad del ser, y no sean castrados, condenándolos a identificarse solo con una de sus ramas. Facilitemos como jardineros humanos, que se contemplen como los soberbios árboles que son, y que se desarrollan en compañía de muchos otros que los inspiran, e impiden que sean fagocitados por el eclipse de curiosidad.


Las elecciones a veces se toman por natural supervivencia, y es bien legítimo.

El mercado parece demandar ingenieros,y son muy , muy necesarios, pero cuando viajamos,aunque sea desde el borde del sofá de casa, lo hacemos para enamorarnos de nuevo, en la sonrisa de la Gioconda, en los guiones de una buena película,en la música de una canción lejana o en el relieve de los templos de Angkor.





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